Evangelio del día 15 de Marzo de 2025.

Mateo 5, 43-48
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo’ y aborrecerás a tu enemigo”.
Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».
Hoy nos fijamos en la frase:
“amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen”
Jesús sigue pidiéndonos compromisos difíciles, podemos pensar incluso que muy difíciles y más en este mundo globalizado que nos está tocando vivir.
No hace muchos años el enemigo podía estar en la familia, ser el vecino de al lado o del pueblo más próximo…, y además no existía una vida social tan intensa y pública como hoy.
En este mundo global, nos pueden surgir enemigos por todas partes, personas o grupos que no piensan como nosotros y nos persiguen; personas que nos traicionan; religiones y culturas diferentes; políticas de gobiernos que atacan nuestras creencias; publicaciones, televisiones y medios de comunicación que denigran no solo a los cristianos si no a la dignidad de la persona; redes y medios sociales con contenidos que producen escándalo; en fin, tenemos agresiones de todo tipo.
¡Y Jesús nos pide que los amemos!
Sí, es su Palabra, es lo que el Padre quiere que hagamos sus hijos.
¿Qué se nos pide?
Fe y confianza en Dios nuestro Padre.
Pedir la gracia de Dios y ayuda del Espíritu Santo, para lograr amar a los enemigos. Con nuestras propias fuerzas solamente, es imposible lograrlo.
Orar siempre por los que nos atacan, nos persiguen o simplemente quieren que desaparezcamos. En la oración, encontraremos la paz interior, empezará a brotar el amor de Dios y nuestro deseo de perdonar. Es prácticamente imposible amar y orar a Dios y estar odiando a quien nos ha hecho daño.
Reconocer que el enemigo también es hijo de Dios y amado por Él.
Sabemos que es difícil conseguirlo, y que tiene que pasar tiempo para que nuestro corazón se vaya ablandando; pero con caridad y constancia, lectura de la Palabra de Dios meditándola, rezando y pidiendo la ayuda del Espíritu Santo, podremos llegar a ver al que nos ofende como hermano.
Pongámonos como adoradores delante del Señor y confiadamente y con fe, reconozcamos todos aquellos enemigos que nos atacan y pongámoslos en el Altar. Con toda humildad pidamos que nuestro corazón se libre de odio y rencor hacia ellos y que por la Gracia de Dios les haga participes de su Reino.
Que la fuerza del amor de Dios, sea nuestra ayuda para perdonar siempre, como Cristo perdono y murió en la Cruz para salvarnos a todos.
Adorado sea el Santísimo Sacramento.
Sea por siempre Bendito y Alabado. FVR.
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